Fotografía en blanco y negro.
Aves sobrevolando la superficie.
La Tierra sin seres humanos.
Paisajes emocionales dictados por una orquesta catártica dotada casi totalmente por instrumentos de rock.
Últimamente he pensado que el arte contemporáneo esta viciado por las vanidades de varios de sus autores. Que carece de espíritu de descubrimiento, de ciencia, de laboratorio, y que se ha convertido tan sólo en vehículo de lucimiento para esnobs que se aferran a su verdad y la justifican con manifestaciones casi aleatorias de lo que ocurre en los lugares comunes de su oquedad craneal, en busca sólo del culto a su personalidad.
Aquello que llaman Posmodernidad ha representado el reciclaje de anteriores corrientes del arte, la política, la filosofía; casi pregonando la suficiencia del pensamiento humano y convirtiéndolo en una ensalada de métodos e ideas persistentes con las que no hemos sido capaces de forjar un mundo mejor, o de –si se quiere- prolongar su prevalecencia, aún con la ausencia de la humanidad misma.
Por supuesto, no todo es así, aún hay autores con fondos sustanciosos, con búsquedas legítimas –incluso aquellas que son puramente plásticas o estéticas-, que observan el mundo y lo reproducen según estas búsquedas.
Un ejemplo podría ser la banda quebequense Godspeed You! Black Emperor (GY!BE), quienes toman su nombre de Godspeed You! Black Emperor (Goddo supiido yuu! Burakku emparaa), un documental japonés en blanco y negro de 1976, dirigido por Mitsuo Yanamigachi que retrata las fechorías de una banda de motociclistas japoneses, los Emperadores Negros.
Al grupo se le suele clasificar en el post-rock lo que me parece una definición imprecisa (se ha discutido ya el término como una imprecisión per-se). Tiendo a sentir la naturaleza de esta banda más como una orquesta -de 9 a 15 miembros, dependiendo del álbum-, dotada por instrumentos de rock que como un grupo de rock con elementos de música culta (si así fuera, sus influencias irían más de lo progresivo al punk, pasando necesariamente por la música de concierto y el avant-garde). Sus discos suelen consistir en pocas piezas de larga duración (la mayoría de entre 10 y 20 minutos), divididas en “movimientos”, a menudo especificados en la cubierta.
Los integrantes de GY!BE no suelen dar entrevistas, aparecer en eventos o medios masivos. No hay videos en MTV, ni videos oficiales en Youtube, y casi se podría decir que no hay derechos de autor. No es pues, fama o fortuna aquello en el interés de GY!BE. Su búsqueda tiene un profundo compromiso discursivo y es fundamentalmente estética.
El discurso de GY!BE es en todos los casos abiertamente político; mientras su búsqueda plástica tiene que ver con combinar elementos tan intensamente hermosos como terribles, con exhibir la belleza de la brutalidad, la voluptuosidad en la tragedia, la exhuberancia en el accidentado camino del Hombre hacia su propia destrucción.
Están detenidos desde 2002 y de manera indefinida –aunque hay un par de piezas en directo circulando por la red, (Albanian, Gamelan) grabadas por algún fan, muy seguramente auspiciado por la propia banda-, aunque han dejado en claro que no se han separado.
Sú última producción oficial es el gran Yanqui U. X O. (2002).
Las notas del álbum se refieren a “Yanqui” como a una “corporación multinacional oligárquica” (más allá de la palabra Yankee escrita en español), mientras que “U.X.O” significa unexploded ordnance, lo que equivale a “municiones sin estallar”, es decir, cualquier material explosivo que no detona al momento de ser utilizado, y permanece con riesgo de explosión aún muchos años después de haber sido utilizados o descartados.

Lanzado tras los ataques del 9/11 en Nueva York, este disco retrata en sus dos primeras piezas y de manera muy clara, la llamada inocencia del pueblo estadounidense previa a la citada fecha, aquella inconciencia del desprecio del resto de las naciones hacia ellos -cuyos habitantes tienden a confundir a los pueblos con los gobiernos-, además de la sensación de seguridad total sobre suelo estadounidense.
Me detendría en un breve análisis del track 3, “Rockets Fall On Rocket Falls” –el más intenso y narrativo de todos-, donde es clara la actitud de represalia, de hacer la guerra, de asumir el poder de la nación más letal del planeta para ejecutar la venganza.
Pero esta visión narrada en el corte es, me parece, más cercana a la óptica de los soldados: esos jóvenes inconscientes del negocio político, automatizados y rellenados en sus cerebros con promesas de prosperidad para ellos y sus familias, a cambio de ratificar el poder de la nación que los ampara, de restablecer la seguridad vulnerada; de defender con la vida el estado libre por el que otros lucharon –y acaso lograron- antes que ellos pero, primordialmente, de ser ellos mismos los afortunados de ejecutar la venganza.
En pocas palabras, promesas de prosperidad a partir de convertirse en héroes, con el consecuente riesgo debidamente asumido.
La pieza es, como el resto del disco, bastante larga (20:42), su intensidad in crescendo es pausada y, a partir del segundo movimiento -(07:13)- pareciera retratar los entrenamientos de las tropas, los paisajes vistos desde los helicópteros, el involucramiento in-situ de cada soldado con su fusil, con su ametralladora o sus granadas, escuchando las instrucciones de un hombre agresivo, cuyos intereses obedecen sólo a aquellos que los mandaron en primer lugar, y que hoy comen deliciosos manjares en ostentosas vajillas en la seguridad de sus mansiones.
La pieza pues, se toma su tiempo, pero el momento catártico (cerca del minuto 16:25, la gran batalla, acaso-, es una explosión de energía rica en imágenes y evocaciones épicas. Con sólo un poco de imaginación, uno puede llegar a sentir la misma excitación de un marine destruyendo lo que se encuentre y viendo morir a sus nuevos amigos. Sí, es como volverse loco y de repente sentir empatía hacia algo, desde nuestra ajena perspectiva, tan repudiable.
Al final, quedan los muertos. En ese doloroso y elegante solo de violín (19:16), en el que nuestra mirada pareciera recorrer un escenario de destrucción, de desolación, de sinsentido y terrible arrepentimiento.
Por participar de la guerra, por romper el mundo con nuestra sola existencia, por ser humanos.
Los últimos dos, Motherfucker = Redeemer, partes 1 y 2, desde el título insinúan la figura de Bush y son de hecho, piezas bastante oscuras, pero nunca exentas de dulzura y serenidad, aunque el final es bastante ágil y cómodo de escuchar.
Así, la experiencia total de este álbum sería una especie de película en audio –imposible escucharlo en una fiesta o yendo por los niños a la escuela; hay que sentarse y prestarle la misma atención que uno prestaría a una película-, una tan amarga como intensa; tan hermosa como dolorosa.
Estoy seguro de que escuchar este álbum invita a reflexionar sobre nuestra visión de la humanidad, de las noticias que miramos a diario, de nuestras vidas todas; la mía, la tuya y la de todos juntos.
Paz, gente.
Con información de wikkipedia.org.
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