El Rincón del Tachero Loco.

Mi sueño
Éste es uno de mis primeros escritos que hice, que si se fijan la fecha como siempre coloco al final, data nada menos que de hace 32 años, donde obviamente muchos de ustedes, entre ellos mi amigo Paris, ni siquiera habían nacido aún. Eso sólo puede implicar una cosa: que estoy muuuuuuy viejo jeje.
Fue mi primer escrito de amor, pues tenía 15 años, una edad donde todo se mira de una manera muy especial. Espero les guste.
MI SUEÑO.
La oscura nebulosa que envolvía mi mente parecía trasladarme al infinito, donde todo era sombra, donde la realidad descansaba acunada en manos de la fantasía. De pronto, todas mis sensaciones se fueron transformando, y sentí ese increíble paso desde lo oscuro y sombrío hacia la claridad de lo que es bello.
Y fue entonces, cuando escuché las olas del mar, endulzando una cálida melodía que se deslizaba por mi ser, acompasada por el ulular incesante de las gaviotas.
Allá, donde la tibia brisa acariciaba hasta mis entrañas, donde el cielo se fundía con el azul del mar y donde la inmensidad de la arena suave permanecía indiferente, como ignorando mi presencia, la playa era arremetida una y otra vez por un tranquilo silencio que intentaba habitarme y hacerme su dueño. Durante uno y otro momento la soledad creyó poder atraparme. Pero no pudo.
Porque a mi lado estabas tú. Lo sentía. Tal vez viendo entre la penumbra tu delicada silueta que me permitía apreciar tus formas, o sólo sintiendo tu cálido aliento, que se pegaba a mi cuerpo, o por el cosquilleo que hacían en mi rostro tus finos cabellos. Te tomé la mano. Y creí ver tus ojos sumergidos en la hondura de nuestro hermoso tiempo. Y una enorme felicidad nació dentro mío y se hizo carne en mí adueñándose totalmente de mis sentimientos, cuando vi tu rostro iluminado por el primer rayo del sol naciente, y sonreímos, ambos en la alegría de sabernos juntos, y el amor y la dicha se traslució en tu mirada.
Y de pronto, para saciar un deseo infantil que brotaba dentro nuestro, echamos a correr por la playa tomados de la mano. ESTABAMOS JUNTOS.
Pero en momentos, un vago temor asaltaba mi imaginación: ¿será eterna esta dicha que vivo? ¿y si alguna vez este sol se apagara para siempre, y cuando sus últimos destellos se sumergieran asediados por los fríos halos del crepúsculo, esa oscuridad no me permitiera verte, y yo te perdiera? Y entonces las gaviotas ya no estarían; y las tibias arenas se transformarían en un terrible desierto que me ahogaría en su sequía, y la suave brisa y el mar azul ya no entonarían su melodía, para atraparme en su feroz tormento. ¿Qué sería de mí entonces? Tal vez te irías donde mis brazos extendidos no te alcanzaran, y donde mi llamado se ahogara en un suspiro de resignación…
Recordé una frase que te solía decir: “Todo tiene un límite”. Y tuve miedo. Miedo de escuchar el cabalgar de otro alguien que venga por tí; miedo al adiós; miedo de no encontrarte mañana a mi lado; miedo de luchar contra mi propia soledad; miedo de tener que enfrentarme en un duelo feroz contra las terribles garras de mi infortunio, y luego, resignado, saborear el gusto amargo de mi incierto destino. Miedo de caer nuevamente en aquella confusa y gris nebulosa.
Pero, ¿qué importaba este vago pensamiento? ¿qué importaba ahora que casi estábamos a punto de tocar el cielo con las manos?
¿Era todo esto un dulce sueño de príncipes, o simplemente una pura realidad, o un fiel presagio de nuestro destino?
No importaba. Corríamos de la mano por la arena. Sólo tú y yo. Luego nos besamos. Nuestras siluetas se recortaban en una hermosa luna llena cual dos trozos de cristal tallado. La noche había vuelto. Pero ésta era clara, serena, llena de amor. En nada se parecía a esa oscura nebulosa de mis pensamientos. Todo era distinto. Sólo nosotros. La luna parecía proyectar toda su plata sobre tú y yo, esos dos seres pequeños que, embriagados de ella, corríamos por la arena en la seguridad de amarnos. La majestuosa imponencia del paisaje pareció aceptarnos y albergarnos en su inmensidad. Nuestro amor era eterno. Las puertas del infinito estaban abiertas para nosotros.
Corríamos de la mano, ESTABAMOS JUNTOS…
Héctor Cassiet
08 / XI / 77


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PLA PLA PLA PLA PLA PLA PLA!!
(Intento parecer que sean aplausos)
Describiste muy pero muy bien cuando nos enamorábamos a esa edad, y cuando estábamos junto a ELLA, el corazón parecía que se iba a reventar!!
Una vez mas, FELICITACIONES!!
Que bárbaro y eso que solo tenias XV años muy buen escrito Tachero y no nos abandones demasiado porque es para mi un buen platillo leer tu sección.
Muchas gracias Omarcito! me encanta que exista gente sensible igual que yo, eso para mí es lo que cuenta en verdad. Lo demás, la facilidad para expresarlo en un papel, sólo es dominio de ciertas técnicas. Pero el mismo corazón sensible que se necesita para escribir algo, es el que también se necesita para leerlo e identificarse con lo leído. Así que una vez más, el agradecido soy yo. Un abrazo!
Y mi respuesta a Omar también vale para tí querido Pipas. Y te prometo que trataré de satisfacer tu pedido de no abandonarlos demasiado. Otro gran abrazo para tí
!